Doña Mary, la mujer que murió esperando a sus hijos en la terminal de Puebla
Durante más de tres años, una figura entrañable habitó discretamente una banca de la CAPU, la Central de Autobuses de Puebla. Su nombre era María de Jesús Mundo, aunque todos la conocían simplemente como Doña Mary. No vivía allí por casualidad ni por falta de opciones: estaba esperando. Esperando a sus hijos. Esperando a Almita.

Doña Mary decia: “Un día van a venir por mí…”
📍 Originaria de la Ciudad de México y con parte de su historia en Tehuacán, Puebla, Doña Mary fue desalojada de su vivienda hace años. Desde entonces, nunca volvió a saber de su familia. A pesar de que las autoridades intentaron trasladarla a un albergue, ella siempre se negó.
Prefería quedarse en la terminal, convencida de que en cualquier momento sus hijos volverían. Hablaba especialmente de Almita, su hija, con una dulzura que conmovía. A pesar de que con el tiempo se supo que Almita había fallecido tras mudarse a Tijuana, Doña Mary nunca lo aceptó. En su corazón, su hija seguía viva… y el próximo autobús podría traerla de regreso.

Vivía del cariño de desconocidos
Nunca pedía nada. Pero muchas personas le daban todo: comida caliente, ropa limpia, una palabra amable, o simplemente unos minutos de compañía. Algunos pasajeros frecuentes la conocían, otros se conmovían al verla por primera vez. Su historia tocaba corazones sin necesidad de explicaciones largas.
Cada llegada de un autobús renovaba su esperanza. Cada día era un nuevo intento de reencuentro.
Se fue en silencio, sin despedidas… pero no sin amor
El pasado 24 de julio de 2025, Doña Mary fue encontrada sin vida, sentada en su banca de siempre. Murió tranquila, en paz… tal vez soñando con ese abrazo que tanto esperó. Fue una persona que la veía a diario quien notó que algo no estaba bien.
Hasta el día de hoy, nadie ha ido a reclamarla. Nadie ha preguntado por ella.
Doña Mary no solo se volvió parte del paisaje en la terminal: se convirtió en símbolo de amor incondicional, de esperanza que no se apaga, de fe que resiste hasta el final.
Quienes la conocieron dicen que nunca la olvidarán. Porque Doña Mary no solo esperaba… ella amaba. Y amó hasta su último suspiro.